Amor, comidas y cintas de vídeo

Por Teresa París

Cuando estoy triste, cocino. El olor y los colores de un buen sofrito son mi mejor ansiolítico. Cuando estoy feliz, cocino. El olor de un pastel de chocolate que invade cada rincón de la casa es el complemento perfecto para llegar al cielo. ¡No digamos cuando se saca del molde un ladrillo perfecto, marrón oscuro y casi líquido en su interior! Si estoy dubitativa, cocino. Si estoy inquieta, cocino. Si estoy angustiada, cocino. Si estoy satisfecha, cocino. Pero, sobre todo, cocinar es mi manera de dar amor, de expresar cariño… (Artículo completo aquí).

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Archivado bajo Gastronomía, Individuo y sociedad

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