Homo ceremonialis

Por Ricky Mango

Die Claque, Guido Messer. Backnang, Alemania

Si uno lo piensa fríamente, hay siempre algo de excesivo en los vítores de los espectáculos. El público, vagamente consciente de que el diálogo entre unos pocos y una multitud es imposible, se limita a aplaudir o a proferir gruñidos colectivos en loa o repulsa de lo que acaba de presenciar. No es sólo una expresión de agrado o disgusto, sino que tiene algo de personal. Muy rara vez he visto aplaudir o abuchear una película, pero jamás he asistido a un concierto cuyos asistentes hayan permanecido en silencio al terminar la interpretación. Que, por cierto, sería lo más deseable, ya que el estruendo del aplauso destruye la magia del placer recién experimentado. Pero, de alguna manera que yo nunca he entendido, el público parece disfrutar compartiendo ese placer con la masa. No es un comportamiento racional, ni individual. ¿Alguien aplaude alguna vez después de consumar una relación sexual?… (Artículo completo aquí).

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Archivado bajo Antropología, Individuo y sociedad

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